EL AGUA, EL NILO Y EL CANAL DE PANAMÁ.
Por: Benito Ladrón De Guevara Ureña.
Que el agua es vital para los seres vivos es una realidad evidente. Lo corroboran, con toda autoridad intelectual, los científicos experimentales. Ella ha sido también fundamental para el desarrollo del ser humano como especie, es decir la persona en su trascedente faceta social.
Las grandes civilizaciones humanas han crecido amparadas por ríos, lagos, o mares y, junto al importantísimo descubrimiento de la agricultura, han lograron un cambio básico para el desarrollo y la prosperidad humana. ¿Cómo así?
Hace milenios los hombres y las mujeres no tenían un lugar fijo de asentamiento, andaban buscando siempre un lugar con animales para cazar, que era el único medio que sabían para subsistir. Los hombres se unían con pretextos pragmáticos –es muy difícil que hombre solo cace un gigantesco mamut-, sin embargo, después de ejecutada la praxis, descubrió que era agradable seguir juntos, aunque fuera con pretextos menos materiales como transmitir sus ideas, sentimientos y hasta rudimentarios descubrimientos. Es que tendrá razón Aristóteles cuando, muchos años después dirá, el hombre es un ser social por esencia, si no lo es, o es una bestia o es un dios, y como obviamente no es dios, sólo le quedaría ser… lo otro.
Ni qué decir cuando el hombre se topó con la mujer (guapa, seductora e irresistible), con esa no quería cazar mamuts.
Con ella satisfizo necesidades espirituales, anímicas, psicológicas y,
claro está, con ella se unió en cuerpo y alma y con ella perpetuó la
especie.
En sus hordas, tribus o clanes, el ser humano vagaba por el mundo
en busca de la satisfacción de sus necesidades primarias. Y suceden
aquí dos acontecimientos verdaderamente revolucionarios: mientras el
marido iba de caza, la mujer cuidaba la casa y ejercía ciertos
menesteres domésticos, además de ir y recoger cosas que pudiesen ser
útiles, y allí observó que ocasionalmente brotaban tallitos, ramitas y
vegetación del suelo. Esto sí que merecía un ¡eureka! La tierra paría
comida.
Segundo acontecimiento: hace 5 500 años
aproximadamente, a un grupo de nómadas se les ocurrió pernoctar a
orillas del rio Nilo. Entonces un señor dijo: quedémonos aquí, según la National Geografic
es el segundo río más grande del mundo; intervino un chiquillo de
lentes y varios bolígrafos en el bolsillo (el nerd que nunca falta): sí,
antes se creía que él era el más grande, pero en Wikipedia dicen que fue superado por el Amazonas de Brasil, dado que en la medición exacta, el brasileño-peruano mide 7 020 k, y el egipcio 6 671, es más está comprobado que las aguas
del Nilo drenan un territorio de más de 3 millones de kilómetros
cuadrados. El 10 % de África, terció la niña sabionda que no se quería
dejar ganar de los niños, se congeló dos veces en la era del hielo y
tenía muchos otros afluentes que se resecaron creando el desierto del
Sahara.
No claro que no, este diálogo no ocurrió (los nerd son
un invento moderno), pero el contenido sí es veraz. Otro asunto que es
muy cierto es que el Nilo viene de extensas montañas y llanuras del
centro de África y, en esa época, se inundaba cada año. A pesar de que
estas crecidas ocasionaban grandes daños, el hombre y la mujer allí
sentados no se iban porque se dieron cuenta que, al bajar las aguas, la
tierra quedaba extremadamente fértil. Entonces intervino el ingenio
humano. Notaron que las crecidas eran exactamente periódicas, así que
sembraron y cosecharon de octubre a mayo, pues el aluvión era de junio a
septiembre.
Les fue tan bien, con la agricultura, que el hombre
pudo, mientras veía a sus campos florecer, escribir versos a su amada,
mirar las estrellas y descubrir sus leyes, observar los animales y las
plantas y hacerse experto en el estudio de los seres vivos. Es decir,
pudo hacer arte y ciencia. Obvio, si el cazador
se pone a escribir versos, se le va la presa. Por eso pienso que si la
altiva filosofía se cree la madre de todas las ciencias, la agricultura
podría considerarse, la abuela.
Más aún, tanto bien produjeron las aguas abonadas del
Nilo, que no sólo se quedaron estas personas allí, creando el primer
pueblo del mundo con territorio fijo, sino que además, pudieron exportar
sus productos, para lo cual necesitaron tener signos que expresaran
cantidades (números) y otros garabatos que expresaran los conceptos que
tenían en su cabeza (letras y palabras) y los inventaron. Desde allí,
los seres se entienden no sólo hablando, sino también leyendo y
escribiendo.
Así pasó también con muchas otras grandes
civilizaciones. Incluso, la importancia del agua en el desarrollo
humano, también se ve en nuestro país. ¿Cómo así, de nuevo?
En verdad, aunque había riquezas auríferas en Panamá
en la época de la colonización española, más había en otras latitudes
como en el imperio inca y entre los mayas y los aztecas. Tanto es así,
que el mismo Cristóbal Colón percibiendo que había mucho oro en el norte
de Veragua, volvió con su hermano Bartolomé a explorar lo que hoy es
Santa Fe, entrando por el río Yebra, hoy río Belén. Afortunadamente
estaba por allí, nuestro grande Quibian, que no permitió que nuestras
riquezas culturales salieran.
Pronto los buscadores de riquezas materiales se fueron
a otros lares. ¿Qué pasó con Panamá? Panamá era el lugar angosto, de
fácil travesía, aunado tenía un rió en el centro que ahorraba caminadas,
el río Chagres. Toda la riqueza traída del Sur, era llevada hacia la
ciudad de Panamá en los célebres galeones, se desembarcaba, se llevaba
cargada por el camino de cruces hasta el Chagres que desembocaba en el
Atlántico hasta España.
España pretendió más eficiencia y quiso abrir el
Chagres para que todo el trayecto fuese acuático, pero no pudo. Después
lo intentó Francia y también fracasó, hasta que vino Estados Unidos y
logró hacer un Canal por donde hoy atraviesan ingentes cantidades de
mercaderías de todo tipo hacia casi todos los rincones del planeta.
Gracias al Canal de Panamá, el comercio mundial puede
transportar sus mercancías de Asia a Europa y la costa este de Estados
Unidos (los principales compradores del orbe) sin tener que dar un
extenso rodeo por América, igual sucede con los productos del pacífico
sur americano al caribe o hacia el atlántico. Es bueno constatar que
cada vez que se navega menos gracias al Canal se usa menos combustible
y, por tanto, se enferma menos nuestra atmósfera. Panamá, por este
servicio al mundo, ha generado en tiempos de la administración
estadounidense (86 años) poco más de 1,800 millones de dólares, y en
tiempos de administración panameña ha rebasado los 3,000 millones de
dólares. Sólo en el año 2011 se recaudó como ganancia neta 800 millones
de dólares
Panamá, que en época hispana se creía que no tenía
tantas riquezas minerales (aunque hoy se sabe que sí las tiene), posee
una riqueza mayor: su posición geográfica y las aguas adyacentes que
permiten la navegación, ahorran millones de dólares al mundo naviero,
nos libran de mucho dióxido de carbono, generan enormes ganancias
monetarias al país y nos permiten expresar con orgullo y realidad que
Panamá es el centro del mundo y corazón del universo.
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