lunes, 21 de mayo de 2012



 EL AGUA, EL NILO Y EL CANAL DE PANAMÁ. 

Por: Benito Ladrón De Guevara Ureña.


Que el agua es vital para los seres vivos es una realidad evidente. Lo corroboran, con toda autoridad intelectual, los científicos experimentales. Ella ha sido también fundamental para el desarrollo del ser humano como especie, es decir la persona en su trascedente faceta social.
Las grandes civilizaciones humanas han crecido amparadas por ríos, lagos, o mares y, junto al importantísimo descubrimiento de la agricultura, han lograron un cambio básico para el desarrollo y la prosperidad humana. ¿Cómo así?
Hace milenios los hombres y las mujeres no tenían un lugar fijo de asentamiento, andaban buscando siempre un lugar con animales para cazar, que era el único medio que sabían para subsistir. Los hombres se unían con pretextos pragmáticos –es muy difícil que hombre solo cace un gigantesco mamut-, sin embargo, después de ejecutada la praxis, descubrió que era agradable seguir juntos, aunque fuera con pretextos menos materiales como transmitir sus ideas, sentimientos y hasta rudimentarios descubrimientos. Es que tendrá razón Aristóteles cuando, muchos años después dirá, el hombre es un ser social por esencia, si no lo es, o es una bestia o es un dios, y como obviamente no es dios, sólo le quedaría ser… lo otro.
Ni qué decir cuando el hombre se topó con la mujer (guapa, seductora e irresistible), con esa no quería cazar mamuts. Con ella satisfizo necesidades espirituales, anímicas, psicológicas y, claro está, con ella se unió en cuerpo y alma y con ella perpetuó la especie.
En sus hordas, tribus o clanes, el ser humano vagaba por el mundo en busca de la satisfacción de sus necesidades primarias. Y suceden aquí dos acontecimientos verdaderamente revolucionarios: mientras el marido iba de caza, la mujer cuidaba la casa y ejercía ciertos menesteres domésticos, además de ir y recoger cosas que pudiesen ser útiles, y allí observó que ocasionalmente brotaban tallitos, ramitas y vegetación del suelo. Esto sí que merecía un ¡eureka! La tierra paría comida.
Segundo acontecimiento: hace 5 500 años aproximadamente, a un grupo de nómadas se les ocurrió pernoctar a orillas del rio Nilo. Entonces un señor dijo: quedémonos aquí, según la National Geografic es el segundo río más grande del mundo; intervino un chiquillo de lentes y varios bolígrafos en el bolsillo (el nerd que nunca falta): sí, antes se creía que él era el más grande, pero en Wikipedia dicen que fue superado por el Amazonas de Brasil, dado que en la medición exacta, el brasileño-peruano mide 7 020 k, y el egipcio 6 671, es más está comprobado que las aguas del Nilo drenan un territorio de más de 3 millones de kilómetros cuadrados. El 10 % de África, terció la niña sabionda que no se quería dejar ganar de los niños, se congeló dos veces en la era del hielo y tenía muchos otros afluentes que se resecaron creando el desierto del Sahara.
No claro que no, este diálogo no ocurrió (los nerd son un invento moderno), pero el contenido sí es veraz. Otro asunto que es muy cierto es que el Nilo viene de extensas montañas y llanuras del centro de África y, en esa época, se inundaba cada año. A pesar de que estas crecidas ocasionaban grandes daños, el hombre y la mujer allí sentados no se iban porque se dieron cuenta que, al bajar las aguas, la tierra quedaba extremadamente fértil. Entonces intervino el ingenio humano. Notaron que las crecidas eran exactamente periódicas, así que sembraron y cosecharon de octubre a mayo, pues el aluvión era de junio a septiembre.
Les fue tan bien, con la agricultura, que el hombre pudo, mientras veía a sus campos florecer, escribir versos a su amada, mirar las estrellas y descubrir sus leyes, observar los animales y las plantas y hacerse experto en el estudio de los seres vivos. Es decir, pudo hacer arte y ciencia. Obvio, si el cazador se pone a escribir versos, se le va la presa. Por eso pienso que si la altiva filosofía se cree la madre de todas las ciencias, la agricultura podría considerarse, la abuela.
Más aún, tanto bien produjeron las aguas abonadas del Nilo, que no sólo se quedaron estas personas allí, creando el primer pueblo del mundo con territorio fijo, sino que además, pudieron exportar sus productos, para lo cual necesitaron tener signos que expresaran cantidades (números) y otros garabatos que expresaran los conceptos que tenían en su cabeza (letras y palabras) y los inventaron. Desde allí, los seres se entienden no sólo hablando, sino también leyendo y escribiendo.
Así pasó también con muchas otras grandes civilizaciones. Incluso, la importancia del agua en el desarrollo humano, también se ve en nuestro país. ¿Cómo así, de nuevo?
En verdad, aunque había riquezas auríferas en Panamá en la época de la colonización española, más había en otras latitudes como en el imperio inca y entre los mayas y los aztecas. Tanto es así, que el mismo Cristóbal Colón percibiendo que había mucho oro en el norte de Veragua, volvió con su hermano Bartolomé a explorar lo que hoy es Santa Fe, entrando por el río Yebra, hoy río Belén. Afortunadamente estaba por allí, nuestro grande Quibian, que no permitió que nuestras riquezas culturales salieran.
Pronto los buscadores de riquezas materiales se fueron a otros lares. ¿Qué pasó con Panamá? Panamá era el lugar angosto, de fácil travesía, aunado tenía un rió en el centro que ahorraba caminadas, el río Chagres. Toda la riqueza traída del Sur, era llevada hacia la ciudad de Panamá en los célebres galeones, se desembarcaba, se llevaba cargada por el camino de cruces hasta el Chagres que desembocaba en el Atlántico hasta España.
España pretendió más eficiencia y quiso abrir el Chagres para que todo el trayecto fuese acuático, pero no pudo. Después lo intentó Francia y también fracasó, hasta que vino Estados Unidos y logró hacer un Canal por donde hoy atraviesan ingentes cantidades de mercaderías de todo tipo hacia casi todos los rincones del planeta.
Gracias al Canal de Panamá, el comercio mundial puede transportar sus mercancías de Asia a Europa y la costa este de Estados Unidos (los principales compradores del orbe) sin tener que dar un extenso rodeo por América, igual sucede con los productos del pacífico sur americano al caribe o hacia el atlántico. Es bueno constatar que cada vez que se navega menos gracias al Canal se usa menos combustible y, por tanto, se enferma menos nuestra atmósfera. Panamá, por este servicio al mundo, ha generado en tiempos de la administración estadounidense (86 años) poco más de 1,800 millones de dólares, y en tiempos de administración panameña ha rebasado los 3,000 millones de dólares. Sólo en el año 2011 se recaudó como ganancia neta 800 millones de dólares
Panamá, que en época hispana se creía que no tenía tantas riquezas minerales (aunque hoy se sabe que sí las tiene), posee una riqueza mayor: su posición geográfica y las aguas adyacentes que permiten la navegación, ahorran millones de dólares al mundo naviero, nos libran de mucho dióxido de carbono, generan enormes ganancias monetarias al país y nos permiten expresar con orgullo y realidad que Panamá es el centro del mundo y corazón del universo.



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